Estaba resoluta a no pasear, sabía que hacerlo con ella la haría caer en una situación que prolongaba, que sabía dentro de sí cedería, pero no debía, no podía, ¿cómo podría dar ese paso? No importaba, era hora de enfrentar su corazón, sus sentimientos, tratar de explicarle que no podía hacerlo, pero cada vez que miraba sus ojos se perdía entre besarla y no, entre pedirle perdón para decir adios y abrazarla y saber que se convertiría en esa persona que nunca olvidaría... jamás.
Es así como las vueltas en esos parques y esas calles se volvieron continuas. Recuerdo como me contaba, casi sollozando de alegría al llegar a casa, todo lo que había sentido. Me dijo que sí, que dieron muchas vueltas y que esperaba no besarla, ¡Cómo iba a besar a otra mujer! Era inconcebible, imposible, todo lo que le habían dicho y para lo que la habían criado se rompería con ese paso, pero cuando lo hizo, según contó, el tiempo se detuvo, todo se quedó en silencio. Me dijo que jamás en su vida había sentido algo así. Me daré el tiempo de contar los detalles.
Según me dijo, dieron infinidad de vueltas, parando en cada esquina, mientras evitaba mirar su boca cuando le decía que su confusión era intensa, que le gustaría tener el valor que tenía ella para afrontar esas cosas que sentían pero que, si seguía el camino que estaban andando, no pondrían dar marcha atrás. Hasta que sucedió, una banca, la noche tibia, sus ojos, un beso en la frente para darle fuerzas e irse, pero en eso, el destello, el corazón que latía más acelerado, su aliento, su respiración, su nariz, su boca, la punta de su lengua... todo junto, fue tan mágico, o eso me dijo.
Realmente la alegría con la que llegó a casa no tenía comparación, no podía dejar de sonreír. Me dijo que nunca había creído esos cuentos de mariposas en el estomago, que le parecían cosas cursis, pero que esta vez lo sintió. Sintió las mariposas, los destellos, el "nadie más existe ahora", y el brillo de sus ojos. Dijo que cerraba los ojos y podía sentir sus labios aún y, según creo, nunca podrá olvidar ese momento.
Todo lo que pasó despues, la lucha interna, la pasión, la guerra, la indecisión, la destrucción, la frustración... todo eso es para otra historia. Pero ahorita me quedo con su alegría y como reposa su cabeza sobre mí mientras sueña. Es mi deber, como su almohada, dejarla dormir, así que no diré más, solo miraré su sonrisa mientras duerme.